A primera vista puede parecer que todas las deudas son malas, pues nos lo han dicho desde niños y hemos visto cómo personas cercanas y desconocidas han perdido sus bienes o viven toda la vida endeudadas. Sin embargo, existen deudas que incluso nos pueden beneficiar y nos pueden traer más ingresos con los que la deuda puede llegar a pagarse sola y dejarnos en una mejor posición que la que teníamos cuando decidimos adquirirla.
Deudas buenas y malas
Para poder comprender cómo hacer dinero con las deudas, primero debemos recordar que existen deudas buenas y malas. Las deudas malas básicamente financian caprichos y nos mantienen toda la vida intentando acabar de pagarlas, mientras que las deudas buenas nos permiten obtener activos que con el paso del tiempo nos van a dar una mejor estabilidad financiera y, en ocasiones, es incluso mejor mantenerlas que liquidarlas.
Una deuda mala es cuando el plazo de devolución supera la vida útil de un producto o tiene un interés muy alto. Habitualmente sirve para pagar algo que realmente no necesitamos, como puede ser un televisor nuevo cuando tenemos uno en perfectas condiciones y, además, a un plazo en el que podemos llegar a pagar el doble debido a los intereses. Lo ideal es que si queremos un nuevo televisor, ahorremos para tenerlo, pues si seguimos con la dinámica de quererlo "ahora mismo" estaremos sacrificando nuestra libertad financiera en un futuro.
Por otro lado, una deuda buena nos permite adquirir cosas que aumentan su valor con el tiempo. Por ejemplo, se puede pagar un curso e incrementar nuestro capital con el trabajo que podemos realizar gracias a los conocimientos adquiridos. Una deuda buena también sería adquirir una hipoteca, la cual al acabar de pagarla nos permitirá ser propietarios de un bien con más valor del que tenía cuando lo adquirimos. Otro ejemplo seria adquirir una deuda con el fin de poner un negocio, que nos permita obtener los ingresos suficientes para poder devolver el dinero que, de otra forma, no podríamos haber conseguido.
Caso práctico de deuda buena
Digamos que tenemos pensado adquirir un local que cuesta 100,000 pesos para poner un negocio que nos dará unos beneficios de 700 pesos mensuales. Tenemos 100,000 pesos en el banco, y dos opciones: comprarlo o financiarlo.
Si decidimos comprar el local, aportando los 100,000 pesos que tenemos en el banco, en un plazo de 12 meses obtendremos un total de 8,400 pesos, en otras palabras, una rentabilidad del 8.4%. Si nos vamos por la segunda opción y decidimos endeudarnos, por ejemplo, con una hipoteca de 80,000 pesos al 3% durante 30 años, con una entrada de 20,000 pesos, nos resulta una cuota mensual de 379 euros. En este caso, obtendremos un beneficio neto de 321 pesos mensuales, o lo que es lo mismo, 3,852 pesos al año, lo que supone una rentabilidad del 19.2%, ya que nuestra aportación inicial ha sido solo de 20,000 pesos.
Con esta segunda opción, además, dispondremos de 80,000 pesos en el banco para lo que queramos, disponiendo de un colchón con el que afrontar imprevistos y controlar la deuda para que no suponga una losa.
Básicamente es mejor tener una deuda controlada que liquidarla y quedarnos descapitalizados y sin margen de maniobra para emprender nuevos negocios, por lo que nuestra meta no debe ser constantemente acabar con las deudas, sino que debe ser aprender a elegirlas y vivir con ellas para ganarles el mayor provecho posible.